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Tristeza

 

 

Reflexión sobre la tristeza

 

 

                                                           

 

 

 

 

 

 

 

“Expresa tus penas: dolor que te guardes musita a tu pecho y le pide que estalle”. William Shakespeare, Macbeth 

“No hago más que llorar”, “estoy muy cansado, apático, no me interesa nada”, “como mejor estoy es en la cama”, “no me apetece ver a nadie”… Y otras expresiones parecidas son muy comunes en la persona que tiene un cáncer, o está en proceso de tratamiento, revisiones, o intervenciones.

“Expresa tus penas: dolor que te guardes musita a tu pecho y le pide que estalle”. William Shakespeare, Macbeth 

“No hago más que llorar”, “estoy muy cansado, apático, no me interesa nada”, “como mejor estoy es en la cama”, “no me apetece ver a nadie”… Y otras expresiones parecidas son muy comunes en la persona que tiene un cáncer, o está en proceso de tratamiento, revisiones, o intervenciones.

En principio, y si no se dan síntomas físicos o psíquicos que indiquen lo contrario, es la tristeza lo que está apareciendo y al contrario de lo que mucha gente pueda suponer, resulta en la mayoría de los casos, adaptativa, buena, para el equilibrio general de la persona.

 

 

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Stefan Klein, un científico y periodista alemán realiza una interesante observación acerca del valor de las emociones más obscuras como la tristeza. “Por muy incómodas que sean,” afirma, “están programadas en el cerebro y en realidad pueden ser muy útiles. Cuando perdemos algo, cuando una relación termina o cuando no alcanzamos una meta, el organismo responde con la tristeza: una indicación de que debemos renunciar a una meta que podría carecer de sentido. La tristeza es un programa orgánico para ahorrar energía. Cuando nos sentimos sin energía, nos detenemos y reflexionamos, y al final a menudo encontramos nuevas fuerzas y claridad”.


Y, ¿qué hemos perdido con la aparición del cáncer?, ¿qué perdemos cuando intervienen nuestro cuerpo, cuando asistimos a revisiones, pruebas, que tenemos la sensación que nunca terminan? 

Sobre todo, la sensación de seguridad. Esa inocencia, ingenuidad, con la que vivíamos, confiados en que nunca nos iba a pasar nada, esa confianza con la que hablábamos del futuro, planes, certezas…. La hemos perdido… Ahora SABEMOS que existe la muerte, que podemos perder la salud, que el imprevisto existe, etc. Y aparece esa gran señora... LA TRISTEZA, acompañada del dolor, de la rabia a veces, del miedo, casi siempre. En esa tormenta emocional, en ese desgaste físico, emocional y mental, la tristeza pone freno… necesitamos aislarnos, quedarnos quietos, llorar, reflexionamos sobre nuestra vida, hacemos balance… nos damos cuenta de lo que es importante, realmente importante… De lo estúpidos que hemos sido yendo tras de absurdos, cuando lo básico, lo esencial, estaba ante nuestros ojos.

La tristeza se convierte en nuestra amiga fiel, nos acompaña día y noche, sedándonos ante ese desgarro… apetece dormir, arrebujarse y quedarse quietecito, hasta que un día, poco a poco, ese dolor va desapareciendo, y lentamente miramos a nuestro alrededor y vemos ¡que estamos vivos! ¡Que seguimos luchando! Recibimos y valoramos la atención de los que nos rodean, retomamos nuestro itinerario con una visión más clara.” La tristeza me ayudó a poner las cosas en su lugar, mis prioridades han cambiado, ahora sé lo que es importante y me dirijo a ello.” Klein modera esto al advertir que la tristeza frecuente durante un largo periodo se podría convertir en un tipo más perjudicial, se podría convertir en depresión. Sin embargo, no hay horarios concretos para el pesar.



¿Cuánto tiempo es sano estar triste? 

En términos generales podríamos decir que el exceso de sufrimiento podría generar ya no adaptación, sino enfermedad.

Hablamos de depresión, cuando la persona experimenta fuera de un tiempo normal de adaptación (que podría estar en torno a tres meses, aunque con condicionantes, porque cada caso es único), una tristeza intensa, llanto irrefrenable y súbito, cuando aparecen ideas de muerte frecuentes o deseos de quitarse la vida, insomnio, ansiedad, pérdida significativa de peso que no tenga relación con la enfermedad, falta de concentración, olvidos, sentimientos de inutilidad y/o culpa excesivos, etc.

Cuando observamos a una persona a la que se le ha diagnosticado cáncer, podemos encontrar en la fase inicial algunos de estos síntomas, pero como ya os indiqué con anterioridad, la tristeza en este caso está pidiendo ahorrar energía…, es “buena”.

Cuando pasa un tiempo, si los síntomas persisten o se agravan, probablemente estaremos asistiendo a una dificultad para adaptarse, por lo que se necesitará la ayuda de un profesional que determine las causas y ayude a la persona a resolver el proceso de duelo.



¿Puedo hacer algo para ayudarme y evitar entrar en depresión? 

• Ejercicio físico (caminar, tomar el sol).
• Estar abierto a aprender algo nuevo, recuperar algún interés que dejé…
• Compañía amorosa y respetuosa ante nuestro malestar, alguien que sepa escuchar y ofrezca su comprensión.
• Expresar el dolor, entrar en contacto con él, entenderlo, escucharlo, apaciguarlo.

 

 Escrito por Ana Carbonell

 

 

Original en:

http://www.costacomunicaciones.es/vytal/noticia_reflexion_sobre_tristeza_2066.html

 

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